“Mi sueño es morir metiendo un gol en la cancha”, con esas palabras Oscar Fonseca Cabello le graficaba siempre a su madre toda la pasión que sentía por el fútbol.
El fútbol tiene una serie de características que nos llevan a relacionarlo como un deporte de contacto y de lucha entre dos contendientes. Esa la conciencia general que existe sobre este deporte que también es capaz de unir corazones y de empequeñecerlo a su vez, de unir a aficiones eternamente rivales y de hacer que nos estremezcamos sobremanera cuando sucede alguna desgracia.
Es el momento de recordar a Oscar que se marchó hace 21 años, en pleno campo de fútbol.
Su Familia
Oscar Fonseca Cabello nació en 1957, fue el mayor de los cinco hermanos que componían la familia integrada por su padre, Don Oscar, su madre, Doña Margarita, y los hijos Edith, Claudio, Jacqueline y Carola.
Al no casarse ni tener hijos se transformó en una especie de papá de sus hermanos menores, especialmente de Carola, a quien protegía de sobremanera.
Los Hechos
Muy temprano por la mañana de aquel domingo 13 de septiembre de 1992 Oscar, conocido popularmente como “Chuncho”, tenía todo arreglado para ir a jugar por el club de sus amores, Unión Conde de Manso. Durante los años 90 los partidos se jugaban en horario matutino, comenzando a las 9 de la mañana. Su madre, como nunca, lo acompañó hasta la salida de su hogar y se despidió sin pensar que esa sería la última vez que vería a su hijo con vida.
Pocos minutos después de las 9, con el partido jugándose en la cancha San Miguel, Fonseca conseguía anotar un gol. Corriendo con la alegría de aquella conquista, en solo un par de segundos, la celebración se cambiaba por estupor ya que caía fulminado al piso del polvoriento campo deportivo.
En ese preciso instante, Fonseca de golpe se convertía en eterno después de toda una vida teñida de albiazul dejando como herencia su sencillez y humildad, su cercanía y ser querido por todos quienes le conocieron. Era un hombre amigo de sus amigos. Sin dudas que en ese minuto el “Chuncho” cambiaba de equipo y se iba a jugar allá arriba donde solo los elegidos como él pueden hacerlo.
De inmediato la terrible noticia golpeó a todo su grupo familiar. Fonseca ingresaba al hospital fallecido y su deceso también conmocionaba al mundo del fútbol melipillano. Tenía 35 años cuando una muerte súbita truncó toda una vida por delante.
Sus funerales se realizaron en el cementerio local, tras una misa en la capilla El Parque, hasta donde llegó una multitud de deportistas melipillanos, amigos y familiares.
Su Labor Social
Oscar Fonseca era una persona cercana y especialmente querida por sus amigos. Estaba muy preocupado de ayudar a los niños y jóvenes en riesgo social, alejándolos de las drogas, prueba de ello es que los días sábado se reunía con ellos y daban vida a un grupo que soñaba con surgir en la vida a través del fútbol. Era muy reservado con sus cosas, prueba de ellos es que solo una vez conocido su deceso, su madre se enteró que estaba buscando los recursos para dotar de implementación deportiva a sus jugadores, ante lo cual doña Margarita, en un gesto noble y póstumo con su primogénito, le compró los elementos con los que tanto soñaba para sus queridos niños.
El Campo Deportivo
Tiempo después, las autoridades de la época bautizaron el campo deportivo donde murió con su nombre, un monolito ubicado en el centro quedó como testigo de aquel homenaje. Hace 4 años, en dicho recinto se construyó el Parque Deportivo San Miguel, el que en su inauguración le recordó e hizo un emotivo acto en su memoria.
Su Recuerdo Sigue Vivo
Gran jugador, gran dirigente, pero sobre todo gran persona, a 21 años de su pérdida queda el consuelo para su familia y amigos que se fue haciendo lo que más quería y, especialmente, tal como se lo había imaginado… haciendo un gol en la cancha.
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